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sábado, 23 de abril de 2011

UNA CUESTIÓN DE SENTIDO COMÚN

JOSE DAMIAN DIAZ BROSEL SECRETARIO COALICIÓN VALENCIANA MASSAMAGRELL Y NUMERO 2 DE NUESTRA LISTA






         Aun cuando no existe un definición universal para el término democracia, es claro que el fundamento básico de cualquier sistema de gobierno que se denomine a si mismo “democrático”, es la de dar a quienes son gobernados el derecho y la oportunidad de escoger libremente a sus dirigentes, y de respetar esta voluntad.

         Siendo esto así, es fácil inferir que en cualquier sistema democrático la calidad de nuestros gobiernos, sean estos nacionales, regionales o locales, está directamente relacionada con la aptitud (o falta de ella) de las personas a quienes escogemos. Dicho de otra forma, si hacemos una buena elección debemos esperar un buen gobierno, y si nos equivocamos… simplemente la pagamos.

      Lo paradójico es entender como es que siendo la mayoría quienes escogemos a nuestros gobernantes, seamos también la gran mayoría quienes mostramos una muy pobre opinión de las personas que nos gobiernan, a fin de cuentas ¿No fuimos nosotros quienes les dimos el trabajo?
Cualquiera que se moleste en ver una encuesta reciente sobre la valoración que hacemos los españoles de nuestros políticos actuales podrá comprobar cuan bajo han caído. Nunca en nuestra historia democrática, la clase política fue peor considerada y con toda la razón: Nos agobian con constantes denuncias de corrupción mientras hacen gala de una moralidad con forma de embudo; nos mienten con promesas de futuro que nunca llegan a cuajar, y encima somos siempre los mismos quienes pagamos el resultado de su incompetencia y los mismos quienes se benefician.

      De esta pésima apreciación no se salva prácticamente ni uno, pero aun así seguimos votando por ellos como si fueran la única esperanza. Viéndolo bien, de seguro que hay algo muy equivocado en todo esto.

      ¿Dónde está el error? Me temo que dar una correcta explicación me llevaría mucho mas espacio del que aquí dispongo, ya que son muchos los aspectos a considerar: desde la falta de independencia de los grandes medios de comunicación que pretenden vendernos determinados candidatos como si fueran coches último modelo, hasta la tendencia de una buena parte del electorado a votar a siglas independientemente del candidato o de sus propuestas. Eso sin olvidar que con nuestra apatía hemos permitido que se desarrollara una clase política llena de gente que no ha dado un palo al agua en su vida, y cuya fidelidad a sus líderes se ve recompensada con nombramientos muy por encima de sus aptitudes personales, y créame, así nos va.

     Muchos de nosotros confiamos que no sea demasiado tarde para cambiar las cosas; de hecho es lógico pensar que si somos nosotros quienes escogemos, somos nosotros quienes podemos hacerlo.
Un buen primer paso es empezar a utilizar nuestro sentido común y hacer un uso correcto del derecho a votar nos da el sistema. ¿Cómo hacerlo? Pues en realidad es bastante sencillo, olvídese de siglas, amistades y monsergas, pregúntese de cada candidato ¿es esta una persona a la que le confiaría mi bienestar y el de mi familia? ¿Es esta una persona a la que le permitiría manejar mi hacienda? Aquel que mejor pueda responder afirmativamente sus preguntas será sin duda su mejor candidato. En el caso de no encontrar ninguno simplemente vote en blanco. Este es un mensaje que los partidos políticos también entienden y muestra su inconformidad con los candidatos disponibles.

    De esta forma tan sencilla comenzaremos a forzar a los partidos políticos a mejorar la calidad de sus candidatos lo cual de por sí ya será un importante avance.
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